Lo que callas.

Mira que no estás más guapa cargando tú sola con las contiendas del día a día.

Mira todo lo que escondes detrás de esa bonita sonrisa.

A la mujer que cuando tiene miedo se convierte en una niña que se siente un poco más fuerte escondiéndose bajo su mantita. A ella quiero decirle que no, no es más valiente por aguantar en silencio las pruebas de la vida.

A la niña que le teme al mundo pero lo enfrenta cada día con su risa, a ella quiero decirle que no está mal gritar que necesita un hogar hecho de dos brazos que la sostengan y la protejan de las fuertes brisas.

A ella quiero decirle que suelte ese nudo que le corta las palabras y de poder disfrutar de los bailes que componen sus días.

Ese brillo en tus ojos es el reflejo de las lagrimas, que cuando decidas soltar serán quienes te hagan aferrarte, florecer y darte cuenta que cada vez estás más viva.

Eres magia, pero te nublas cargando todo lo que callas, aunque sabes que la vida se hace un poco menos cruel si juntas tus manos a unas manos calientitas.

Porque sí, duele, duele un montón, pero va a pasar y más fuerte vas a brillar, más alto vas a volar y más libre vas a soñar.

Entenderás que no estás más bonita cuando callas, que tienes que soltar y cerrar para que cosas mejores puedan comenzar.

Con amor,

Un conejo escritor.

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Un hogar.

Un hogar es tener dos brazos alrededor nuestro después de un día difícil, después de una buena noticia, después de un logro obtenido, después de una caída.

Un hogar es un abrazo, es un yo te sostengo y te armo de fuerza cuando solo te lastiman tus heridas.

Hogar es en donde todo se hace más fácil por el simple hecho de que hay quien nos ama y nos cuida. Es un lugar o una persona donde puedes descansar cuando todo se pone cuesta arriba.

Hogar no es una casa lujosa, son unos ojos que brillan, una sonrisa que tranquiliza, unas manos que dan calor, es una risa que anima; una canción de dos acompañada con un baile a la vida.

Hay quienes somos hogar, hay quienes son nuestro hogar. Valora, abraza, ama y cuida.

Con amor,

Un conejo escritor.

Cuando me necesites.

Búscame cuando la vida se ponga en tu contra,

cuando sientas que las fuerzas te faltan,

pero que las ganas de verme te sobran.

Cuando necesites un abrazo,

de esos que reconstruyen algunos de tus pedazos.

Cuando quieras cantar, reír, gritar o simplemente llorar, búscame.

Ven aquí cuando quieras compañía un domingo por la noche,

O simplemente quieras abrazar algo que no sea tu almohada.

Cuando quieras un lugar sin prejuicios, sin agobios o bullicio.

Búscame cuando quieras tener un admirador del color de tus ojos,

de tu fuerza,

de tu manera de dormir y del sonido de tu risa.

Cuando quieras sinceridad, lealtad y confianza,

o tan solo una mirada que te transmita calma.

Simplemente búscame.

Y aunque no pueda darte más, eso es lo que me llena el alma.

Porque si algo aprendí de ti,

es que no hay forma más bonita que expresar el amor,

que brindando tiempo, cariño sincero y comprensión.

Con amor,

Un conejo escritor.

Para ti bonita.

Hoy te escribo porque quiero que seques tus lagrimas y recuerdes que hay pruebas de las que ya has salido victoriosa,

las que te han enseñado el valor de entregar tu vida y tu corazón.

Hoy quiero que recuerdes que mereces a alguien que te ame en tus días buenos,

en esos que explotas de alegría,

en los que la magia es el plato fuerte del día.

Alguien que esté contigo cuando subes el volumen, cantas, bailas, lees o pintas.

Ese, que también ame tus gustos y manías;

el sonido de tu risa,

tus cicatrices y tus manos frías.

Te mereces a alguien que sostenga tu mano en los días grises,

que te brinde un abrazo cálido en los momentos en los que mueres de frío,

o de miedo,

que no pretenda cambiarte,

que te quiera con tus defectos y heridas.

Alguien que te mire y piense que tiene el universo ante sus ojos,

que tenga la certeza que en su mundo no hay una sonrisa más sincera y bonita.

Ese alguien que sepa que eres única

y que quiera compartir contigo todo lo más bonito de la vida.

Hoy quiero que te mires al espejo y te recuerdes que mereces a alguien que si te quiere te lucha con el corazón

y si te tiene te cuida con amor.

Un conejo escritor.

Para ti, el amor de mi vida.

Pues bien,

aquí estoy muerta de nervios y de felicidad,

eso sí, más de felicidad que de nervios.

No sé cual debe ser el comienzo de esto,

tal vez deba llevar la palabra tú,

porque sí,

tú eres el centro y el motivo de esto.

Como punto de partida quiero que sepas que lo primero que se me viene a la mente es una imagen tuya utilizando el uniforme de La Quinta del Puente: un polo de color verde oliva, acompañado de tu placa y un jean, también recuerdo tu maletín de ruedas rojo y las eternas madrugadas, mientras yo descansaba placenteramente en mi cama.

Recuerdo la felicidad que sentí cuando supe que íbamos a estudiar en el mismo colegio, no precisamente porque fuera el mejor, sino porque o te cambiaban o te echaban, mis papás ya no aguantaban una citación o llamada más de la directora. ¿Matilde es que se llama?

Recuerdo la seguridad que sentía cuando alguien me hacía algo y corría a buscarte para que me defendieras (y aún lo hago siempre que tengo problemas).

Recuerdo que escondías todas las evaluaciones que perdías o, en su defecto, las tirabas por la ventana para que mis papás nunca las encontraran. Y qué angustias teníamos en todas las entregas de notas, porque siempre los bombardeaban de quejas.

Se me hace un nudo en la garganta cuando recuerdo nuestro último trayecto al colegio juntos, los dos en tu Mazda verde, vestidos con el uniforme de gala, faltaban 5 para las 7 de la mañana y mientras tanto yo solo pensaba: “No volveré a ir con mi hermano al colegio nunca en la vida”, recuerdo que en esa eucaristía estabas con tu ahijado, la versión diminuta tuya, haciéndome groserías con las manos desde el centro del coliseo y juro que era demasiado feliz.

Luego vino la universidad, no sé que habría sido de mí sin que me hubieses enseñado a manejar la plataforma o sin que me dijeras donde quedaban los salones del jardín.

Siempre me estás enseñando.

Siempre,

en todos y cada uno de los aspectos de mi vida,

siempre aprendo de ti.

Te encaprichaste con que querías un pepe y no una pepa, pero mírame, llegué siendo toda una pepa, que también jugaba contigo a lucha libre, a carros, play, xbox y con pistolas de balines, y que ahora competimos por ver quien maneja más rápido o por quien abre primero la puerta de la casa (tú siempre ganas).

Con el tiempo maduramos y dejamos de pelearnos, ahora las peleas son por mi terquedad o mi torpeza, por tu desorden o por cualquier cosa insignificante que nos pone la vida. Pero aprendo, siempre aprendo de ti y sé que me amas y que me cuidas.

Le agradezco a Dios y a la vida por haberme puesto junto al mejor ángel aquí en la tierra, eres sin duda el mejor amigo, el mejor ejemplo, el mejor guía, el mejor ABOGADO, porque sí, hoy ya eres todo un ABOGADO amado doctor Fernández. También le agradezco a Dios por regalarme un segundo papá, el motivo de mi fuerza, al mejor cuidador, al mejor humorista y payaso, al hombre que hace que mis desayunos (cuando muero de sueño) tengan mayor sentido y los disfruto porque sé que al ritmo que va la vida en un parpadeo estaremos desayunando lejos, porque aquí vamos, tomando nuestros rumbos, dando nuestros pasos, pero estoy segura que cuando absolutamente nadie en el mundo esté, tú vas a estar para mí, porque el significado que tengo del amor y de lealtad lleva escrito tu nombre en algún lugar.

Me resta decirte que me siento cada día más orgullosa de ver cómo haces que todo salga bien a tu manera, de ver la manera en la que alcanzas todo lo que te propones y que lo único que se te dificulta es destapar las botellas.

Sé que se me escapan mil cosas y un poquito más, pero también sé que sabes que esto se me queda muy corto para poder expresar todo lo que te amo hermanito y quiero terminar recordándote todo lo que significas para mí con el fragmento de un poema que te dediqué y que quiero que conserves para toda tu vida, porque es tuyo, yo te lo regalo.

“de la vida que he escogido,

de la gente que amo y olvido

en pasado, presente y futuro,

del camino en el que me pararé a descansar

y aquel del cual me saldré

de las dudas, los miedos, mis sueños;

antes

de todo lo que venga durante y después de mí

estás tú

porque empapas mis virtudes

y nunca has disimulado mis defectos,

porque la admiración y el amor se han hecho uno

cuando alguien me pregunta por ti,

porque tu mérito no es haberme dado la vida

sino haberme enseñado a vivir.

Porque quiero amar de la manera que tú amas.

Porque te amo de la manera que tú me amas.”

Felicitaciones por tu logro abogado, te amo con todo mi corazón y te admiro mucho.

Eres un ejemplo de fuerza y de visión.

Con amor, 

Un conejo escritor. 

Mi felicidad.

Hace unos días leí una frase que decía: “La felicidad está hecha de cosas pequeñas” y me detuve a pensar que aunque suene cliché, es lo más real. A diario vivimos buscando alcanzar la gran felicidad y pasamos por alto las cosas que aunque sean insignificantes nos dan sentido y en eso se nos pasan los días, la vida.

Pues bien, para mí la felicidad es poder comenzar un nuevo día, es poder sentarme a desayunar en compañía de mi familia y amar el caos que queda en la cocina.

Mi felicidad es un abrazo caluroso de mamá y papá, es tener a mi lado al mejor complice, amigo, confidente y al mejor hermano del mundo.

Mi felicidad es abrir la puerta de casa y ver a ese ser de cuatro patas agitando su colita y explotando de emoción al verme, y cómo no, explotar de emoción junto a ella. También descansar arrullada por el calor que me da sentir su amor.

Mi felicidad es disfrutar de la magia que se pinta de color atardecer, ese que llena la vida de calma.

Mi felicidad es disfrutar de mi propia compañía, cantar, bailar, reírme fuerte, amar, abrazar, soñar, creer y trabajar por construir mi realidad.

La felicidad es esa sensación de plenitud que me llega después de llorar, de caerme, justo en ese momento donde siento que cada caída me enseña algo.

Mi felicidad es escuchar a mis abuelas, sus historias, sus olvidos, sus locuras, sus consejos y sus experiencias.

Mi felicidad es una charla con mis amigas que dure horas, que me haga sentirlas un poco más cerca desde cualquier lugar del planeta, reírme y llorar junto a ellas.

Mi felicidad es aferrarme a mis travesuras, que me dan historias para contar, que mantienen intacta mi esencia.

Mi felicidad es sentirme la niña consentida de papá, la mejor amiga de mamá, el complemento de mi hermano y la loca amorosa e intensa con mi perra.

Mi felicidad es detenerme a ver el cielo, disfrutar del viento, de la lluvia, del sol, del frío o el calor.

Mi felicidad es mirar hacia atrás y ver todo lo que he construido, todo lo que he crecido.

Mi felicidad es un libro de buena poesía, una buena compañía, una taza de café, un beso en la frente, una mirada cálida, la sonrisa de un extraño, unas gracias, un chocolate con malvaviscos; es sentarme a escribir, aunque lo haga bien o mal; es un te amo, un te quiero, un te extraño.

Mi felicidad camina junto a la ternura y transparencia que acompaña mi vida.

Mi felicidad va siempre agarrada de la mano de Dios y de la magia de la vida.

Mi felicidad es esto y mil cosas más, así tan pequeñas y a la vez tan inmensas.

¿Y para ti qué es la felicidad?

Con amor, 

Un conejo escritor.

Si tan solo pudiera.

Si tan solo pudiera robarte un segundo tu mirada, lo haría.

Si tan solo pudiera volver a un abrazo tuyo, sin duda alguna, lo haría.

Si tan solo pudiera decirte todo lo que guarda mi corazón para ti, lo haría.

Si pudiera volver a hacerte reír, lo haría.

Si tan solo pudiera decirte que te espero desde el día en que decidiste irte, lo haría.

Si pudiera pasar de una conversación de dos “extraños” con muchos recuerdos, lo haría.

Si tan solo pudiera decirte que guardé el amor que te tengo en una caja de cristal en mi corazón, para que el tiempo no lo toque nunca y verlo desde lejos, lo haría.

Si pudiera volver a tomarte de la mano, lo haría.

Si tan solo pudiera ser parte de tu vida, lo haría, entregándote también una parte de mi vida, lo mejor de mí, que aún aguarda por ti.

Por ahora solo puedo limitarme a hablarte como tú amiga, cumpliendo la promesa que te hice un día, estar ahí para siempre.

Con amor,

Un conejo escritor.

Quizá.

Quizá no tenga un mañana…

Siempre me he preguntado: ¿Por qué no somos capaces de decir lo que sentimos, cuando lo sentimos y como lo sentimos?, ¿Qué estamos esperando para poder hacerlo?, ¿Es orgullo, miedo o qué es lo que nos detiene?

Sólo encuentro como respuesta a que eso se debe quizá porque creemos tener la vida comprada, que las personas y momentos pueden esperar, que todo permanecerá ahí en el mismo lugar.

Pero mira, la vida me ha puesto pruebas para enseñarme que quizá no tengo un mañana. Que si tengo algo que decir, debo decirlo para no quedarme con nada, claro está sin lastimar ni maltratar. También me ha enseñado a irme a dormir siempre con un beso de buenas noches y un te amo sincero. Me ha enseñado a abrazar fuerte, porque quizá sea el último abrazo, la última mirada, la última sonrisa, un último lugar.

La vida es como una ruleta, hoy estás aquí, bien, feliz, con salud, con toda tu familia y quizá mañana no estás, quizá mañana algo falla, quizá no hayan más oportunidades.

Quizá debas decirle a alguien cuánto lo extrañas, cada día, desde su partida. Quizá debas abrazar, cantar y reír más fuerte. Quizá debas dar amor sin medida. Quizá debas regalar una sonrisa. Quizá debas intentarlo una vez más.

Por eso suelta el orgullo, grita con fuerza y con amor todo lo que salga de tu corazón y sonríe, quizá es el momento exacto y preciso para hacerlo.

Con amor,

Un conejo escritor.

Tal vez para siempre.

Hace un par de días, en medio de aburrimiento y soledad decidí tener la valentía de ver una película de romance. Sí, tal vez para soñar con lo que algún día espero que me suceda y tal vez para alimentar mi esperanza en el amor de pareja. Pues bien, gracias a la película entendí que es cierto eso de que si algo está destinado a ser así pasen muchas cosas, sucederá. Pero, ¿Qué tan cierto será eso? No lo sé, pero hoy cuestioné al destino.

Anoche, después de muchas noches volví a soñar contigo y sí, digo soñar porque fue agradable y bonito, era como esos días en los que la felicidad caminaba de la mano contigo y conmigo.

Comencé mi día con un extraño presentimiento o como sea que le quieras llamar a ese algo que se te mete en el corazón o tal vez en el pecho, pero sabía que se trataba de ti. Y lo sé porque no es la primera vez que sucede, porque cada vez que siento ese algo, por cosas del destino, te veo.

Hoy te vi más extraño que siempre, anhelé correr a abrazarte y preguntarte qué ha pasado con tu vida en este tiempo, si eres feliz, porque sabes que es lo que más anhelo. Pero tu mirada me respondió con un vacío que de tu parte solo una vez había sentido y tuve miedo. Tuve miedo de soltar un hola, tuve miedo de tenerte tan cerca y saber que no hay caso, que ahora eres solo eso, un completo extraño. Y ya lo había sentido, lo siento cada vez que te veo.

Y cuestiono al destino, porque hay millones de lugares, millones de personas, en un día muchas horas y minutos y justo coincidimos este día, esa hora y en ese particular lugar, pero ahora como dos completos extraños.

El fin de todo esto es decirte lo que sentí y lo que siento, aunque vengan después de ti y después de mí 1, 2, 3 y las personas que sean necesarias para aprender, para crecer, quiero que sepas que tu vida marcó mi historia, el amor que te tengo permanece intacto en una cajita de recuerdos. No sé si te pasa lo mismo, tampoco pretendo saberlo, no pretendo agobiarte, solo quiero que sepas que la esperanza y la fuerza no se van y que permanecen aquí cada día, así como le sucedía al protagonista en la película.

Y no sé si nuestra película hace mucho llegó a su fin, no sé lo que nos depara el destino, no sé el por qué de ese algo que se mete en mi corazón, no sé explicar lo que siento cuando te veo y no sé nada de ti, solo espero que recuerdes que alguien tiene la esperanza de que algún día vuelvas, que ese alguien te espera con flores, sonrisas y chocolates de mil colores y ese alguien anhela que te quedes tal vez para siempre.

Con amor,

Un conejo escritor.

Adiós.

No soy fan de las despedidas, nunca lo he sido, pero con el tiempo he aprendido tanto de cada una de las veces que he dicho adiós con un nudo en mi garganta y con el corazón en las manos. He aprendido a decir adiós aunque me quebrante porque sé que con la magia del tiempo me fortalezco. He aprendido que un adiós siempre va acompañado de palabras sinceras que salen del corazón, aunque también he aprendido a no guardarme nada hasta un posible adiós. He aprendido en cada adiós a abrazar más fuerte, porque sí, tal vez sea la última vez en la vida que tenga la oportunidad de abrazar a ese alguien.He aprendido que decir adiós en algunas ocasiones es necesario, no por egoísmo sino por bienestar. Y que aunque en el momento duela, de seguro después, cómo dicen por ahí “algo mejor vendrá” y que aprendí y que en esa etapa fui feliz. También he aprendido que hay un adiós que ninguno de los dos quiere dar, ese de los aeropuertos o de los hospitales, ese que te llega de sorpresa, por aquello llamado ciclo vital.He aprendido que con cada adiós una parte de nosotros se queda ahí, en ese momento, junto a ese alguien, pero que aunque al principio nos quede ese vacío, con el tiempo se transforma y ese vacío se llena de recuerdos, sin duda, los más bonitos. He aprendido que en mi generación pasa de forma frecuente que es más fácil decir adiós que luchar, por el amor, por los sueños, por la vida. Y qué triste, pero qué real. Pero sobretodo, he aprendido que no hay adiós que no anhele un regreso.Con amor, Un conejo escritor.